Salud mental infantil: las cinco señales que las familias no deberían ignorar

texto y foto Fundación Nocedal

Especialistas llaman a las familias a observar cambios de conducta y fortalecer la comunicación para prevenir dificultades emocionales.

La ansiedad, el aislamiento y las dificultades para relacionarse son algunas de las situaciones que hoy preocupan a padres y comunidades educativas.

La salud mental de niños y adolescentes se ha convertido en uno de los principales desafíos para las familias y los establecimientos educacionales. El aumento de los problemas emocionales, las dificultades de convivencia escolar y el impacto del uso intensivo de pantallas han reforzado la necesidad de detectar tempranamente las señales de alerta y promover entornos protectores que favorezcan el bienestar socioemocional.

Especialistas de Fundación Nocedal advierten que muchos problemas de salud mental pueden detectarse tempranamente si los adultos están atentos a cambios sostenidos en el comportamiento de niños y adolescentes.

Entre las principales señales destacan:

  • Aislamiento o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban.
  • Cambios bruscos de ánimo o irritabilidad persistente.
  • Dificultades para relacionarse con familiares, compañeros o amigos.
  • Expresiones frecuentes de tristeza, miedo o preocupación.
  • Cambios en el rendimiento escolar, el sueño o el apetito, especialmente cuando se mantienen en el tiempo.

«La prevención comienza mucho antes de una crisis. Observar, conversar y acompañar son herramientas fundamentales para cuidar la salud emocional de los niños. Cuando estos cambios se prolongan por varias semanas o interfieren en su vida diaria, es importante buscar orientación profesional y trabajar de manera conjunta entre la familia y la escuela», explica Andrés Benítez, subdirector de Formación y Convivencia de Fundación Nocedal.

Los especialistas destacan que la comunicación cotidiana sigue siendo uno de los principales factores de protección. Dedicar tiempo para conversar, compartir actividades en familia y generar espacios de confianza permite que niños y adolescentes expresen lo que sienten antes de que las dificultades emocionales se agraven.

Asimismo, agregan que la coordinación entre las familias y los establecimientos educacionales es clave para detectar estas señales de forma oportuna y entregar apoyo antes de que los problemas afecten el aprendizaje, la convivencia o el desarrollo integral de los estudiantes.

Cinco señales que no conviene normalizar

Desde Fundación Nocedal recomiendan consultar con un profesional cuando estos cambios se mantienen en el tiempo o afectan la vida cotidiana del niño o adolescente:

  • Aislamiento social o rechazo constante a compartir con otras personas.
  • Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
  • Cambios importantes en el estado de ánimo, como irritabilidad, tristeza o enojo permanente.
  • Problemas para dormir, comer o concentrarse sin una causa aparente.
  • Baja significativa en el rendimiento escolar o dificultades para relacionarse con sus pares.

«Detectar estas señales a tiempo puede marcar una diferencia importante. La salud mental también se cuida desde el hogar y la escuela, generando espacios donde los niños se sientan escuchados, comprendidos y acompañados», concluye Benítez.